Ludmila

Escrito por orlanbia 13-12-2008 en General. Comentarios (2)

La imagen en el espejo era la mía, aunque mis ojos no la veían, hacía más de quince minutos que estaba renegando con el nudo de la corbata, crueles intentos de ser elegante cuando no se lo es, y peor aún cuando uno deja volar su mente, ¿qué estaba por hacer? ¿Cómo llegué a ser testigo de un casamiento?. Quizás porque fui el único que presencio la totalidad de los hechos inverosímiles, y hasta con un toque de irrealidad. Parecía que la existencia se hubiera sumergido en un cuento borgiano, donde los sucesos van más allá de ellos mismos, como en un laberinto formado por espejos, la realidad se refleja infinitas veces. No obstante, lo acaecido se acercó más a la realidad de un Lovecraft, de ese mundo donde la medicina muestra su lado oscuro, el lado detrás del límite de la muerte. ¿Cuánto horror puede haber en la muerte?.  Cruzar el límite fue el tema de Lovecraft, pero más que la muerte, fue el retorno de la muerte.

Los hechos fueron de ese tenor, y aquí mi mente se confunde en los eventos, no están claros, porque tampoco son claras las circunstancias que le dieron inicio, ni las respuestas que se dieron. ¿Cuándo estamos muertos? ¿Cuándo nuestro cerebro, ese mecanismo de proteínas, enzimas, y cargas bio eléctricas cesa en sus funciones? Entonces, ¿cuando estamos vivos?, ¿Cuándo comienza en sus funciones?. ¿Sólo somos eso, un complejo bioquímico y bioeléctrico, un enjambre de procesos neuroeléctricos con transmisiones de igual forma que una computadora? ¿O somos más?  Tantas preguntas para tan poco entendimiento, parece que estamos encerrados en una gran esfera, cuyos límites no nos son permitidos conocer.

Los hechos,  esa sucesión de actos que parecen inconexos, sin relación, ¿pueden dar la respuesta? No lo sé, los he repasado en mi mente una y otra vez, desde el sublime encanto de lo mágico, desde lo que me es permitido entender.

Todo comenzó hace aproximadamente seis meses, con un amigo antropólogo que en ese momento estaba en África, nos encontrábamos todas las noches, vía internet, para charlar en una sala de chat, para no perder el contacto, y contarle las novedades de su tierra, tan lejana en ese momento.

Habrá sido el destino, si es que existe un destino, pero algunas de las noches en que mi actividad no me permitía entrar, Horacio, mi amigo, igualmente entraba y, en esos momentos fue que conoció a Ludmila. Noches posteriores me permitieron conocerla, conocimiento virtual, conocimiento de la palabra escrita, palabra que se hace espejo del pensamiento. ¿Cómo podemos conocer a alguien a través de sus palabras escritas en una pantalla? O es que conocemos meros fantasmas, que nuestra imaginación da un toque de persona. El chat, nuevo vínculo entre personas que se sienten solas o no, pero que buscan y exploran una nueva forma de realizar un viejo rito, el de conocerse, el de encontrarse.

Fueron esos encuentros, entre comentarios de la realidad, entre chistes y charlas de café,  sin café compartido, que intuía que algo se estaba gestando, y del cual iba a ser testigo.

            Los encuentros con Horacio seguían su curso, pero cada vez con mayor participación de Ludmila, Ludmila y su encantadora forma de ser, sus palabras justas y precisas  con un toque de inocencia, frescura y desenfado, parecía más niña que mujer, quizás, y digo quizás, también me sentí tentado a darle a esas mágicas palabras escritas, un cuerpo y una mente a mi imagen de ideal,  y enamorarme de ella, pero, era sabido que sólo podía ser testigo.

            Los hechos se fueron dando entre confesiones de Horacio con Ludmila, de Ludmila con Horacio, confesiones que Horacio me contaba, y en sus palabras me estaba dando cuenta que él ya le había dado un cuerpo y una mente, se había enamorado. Platón sonríe desde su topos hiper uranos, el amor como él lo soñó encontró campo en el chat, pues que es éste sino el amor platónico en su esencia pura, un amor sin cuerpos, sin contactos, amor puro entre palabras escritas.

            Pero todo amor que se precie de tal, tiene que crecer, (desdibuja tu sonrisa viejo Platón) y para crecer tiene que pasar a ser de contacto, dar el paso al conocimiento real, al de los cuerpos.

            Entre ellos se habían dado todos los pasos, según Horacio (si es que hay una regla escrita para enamorarse por chat) y se conocían más allá de ese mundo de sobrenombres usados para poder dialogar, sobrenombre que muchos sólo usan para esa ocasión, ya se habían permitido entrar al mundo cotidiano, más allá del mundo del chat, o mejor dicho, mas acá del mundo del chat, habían dado el paso al conocimiento de su cotidianeidad y valga la coincidencia, los dos usaban sus verdaderos nombres, no había falsos nombres, ni escondrijo. Ella era Ludmila, él era Horacio.

            Compartieron sus mundos, el mundo del Antropólogo, el mundo de Horacio. El mundo de la ayuda a los que necesitan, el mundo de la trabajadora social, el mundo de Ludmila. Pero había algo que ella no sabía, que quedaba dentro de la esfera de la intimidad de los amigos, que Horacio me había encargado que fuera sus ojos y que diera ese paso, de conocerla físicamente. Me había dado la tarea de entrar al mundo real de Ludmila, al mundo que ella le había mostrado, o por lo menos eso creíamos.

            Y acá haré un alto, para hacer las preguntas que me vengo haciendo desde ese momento, ¿Me tendría que haber negado? ¿Tendría que haber puesto las excusas de que era a él quien Ludmila quería conocer y no a mí? ¿Que era una falta de respeto? Pero no lo hice, y los acontecimientos ya estaban escritos, Lovecraft escribía su nuevo cuento, mirándonos.

            Los datos de Horacio eran precisos, tenía todo lo que hacía falta para poder conocerla, en un primer instante sin que ella se diera cuenta, espiándola groseramente en su mundo cotidiano. Pero algo no resultó, días y días pasé en la puerta de su casa y no la veía, no salía, no se mostraba. No estaba en el trabajo y no estaba en su casa, sin embargo existía, todas las noches los contactos se repetían y, aunque Horacio insistía, los datos eran los mismos, y la vigía se repetía dando los mismos resultados, nada.

            Con el tiempo, sin decirle a Horacio, hice una averiguación que me sorprendió, entre en distintos horarios al chat y Ludmila estaba siempre, obvió pensé, no sale porque está continuamente en el chat, pero no podía ser, ella hablaba de trabajo, o sea que en algún momento tenía que salir y nadie puede estar conectado siempre, es una locura.

            Entonces decidí decirle a Horacio que haría un conocimiento directo, que me presentaría y le diría a Ludmila quien era, que las cosas ocultas siempre salen mal, y que era mejor así, le pareció justo el argumento, me tendría que haber quedado callado, pero era más fuerte las ganas de develar el misterio, ya que eso era para mi Ludmila, un misterio. Quede con Horacio que iba a ir al día siguiente, a la tarde. Nunca los sucesos fueron tan asombrosos ni tan misteriosos. Golpeé en la puerta de esa casa que por fuera conocía tan bien y me atendió una mujer mayor, que ya había visto que entraba y salía; le pregunté por Ludmila y le expliqué que la conocía de Internet que charlábamos seguido por chat y todo lo necesario para demostrar mi conocimiento sobre ella. La mujer me miró con asombro y miedo, me preguntó si era una broma de mal gusto. Entonces  en mi estupor le pregunte si allí no vivía esa persona, a lo que ella insistió que me vaya con mi broma o llamaría a la policía. Fue mi insistencia y algunos datos que Horacio me había dado que hicieron que la mujer me dejara entrar y me mostrará lo que hasta ahora es el misterio más grande de mi vida. Mientras entrábamos me contó, que allí vivía una persona que se llamaba Ludmila con esas características, que ella era la madre, pero que no podía ser la misma, ya que hace ocho meses aproximadamente por una afección hepática, entró en estado de coma, y que estaba desde hace unos seis meses en la casa con todo lo necesario para sobrevivir, diciendo esto último, entramos a una habitación donde en una cama una mujer estaba completamente cubierta de cables y tubos, parecía más una sala de terapia intensiva que una habitación en una casa de familia.

No, no podía ser Ludmila, era evidente, esa pobre mujer con todos esos tubos y cables conectados a su cuerpo no podía ser ella, le pedí disculpas a la mujer y diciéndole que debía ser un error producto de una serie de coincidencia que se concatenaron y llevaron a ese tremendo error, me fui con una gran angustia. ¿ Qué le decía a Horacio? ¿Cómo le explicaba que la mujer que él amaba, era toda una mentira, que había tomado los datos de otra persona para hacer el engaño?.

Decidí ser frontal, decírselo sin vueltas, ser lo más duro posible para poder romper el encantamiento. Y así fue, le conté todo lo que vi, y le conté todo lo que la mujer me había contado. Cruel destino del Chat, no poder estar al lado de la persona para ofrecerle el consuelo del hombro para que pueda llorar, porque sé que lloró y,  paso como en todo los casos a la incredulidad, me insistía que no podía ser, que era otra Ludmila, que nos equivocamos, que ella no mentía, y me dijo, para mi asombro, que tenía una foto de ella que le había mandado en esos días para que pudiera tener un recuerdo de ella. Se la pedí de inmediato, y accedió, me llegó la foto, no podía de la impaciencia para poder verla, y para mi asombro, la Ludmila de la foto era la misma mujer que estaba en la cama en esa casa, más rozagante, más fresca, pero era la misma. Le dije que era ella pero que no podía ser, que debía ser una amiga que estando completamente loca y había adoptado la personalidad de Ludmila. En ese instante nos dimos cuenta que ella se había conectado, entonces ante la angustia de mi amigo, la increpe duramente, que quién era, que ya sabíamos que no era Ludmila, que  nos dijera quién era. El diálogo fue muy duro, ella insistiendo que era Ludmila, yo negándolo, hasta que ella se salió de la sala y mi amigo también, claramente enojado conmigo.

No podía pensar en otra cosa, mis días se había hecho un gran vacío, por un lado por la perdida de mi amigo, por otro, el misterio, ¿quién era Ludmila?. Mentía era evidente. Pero ¿por qué insistía?.  Los días se sucedieron, no entraba más a chatear, sé que mi amigo y Ludmila seguían, porque la vez que entré los vi, y ni me hablaron. Todo iba a quedar así,   hasta que en una revista de computación leí un artículo en el cual hacían una comparación entre el cerebro humano y el funcionamiento de las computadoras, y allí en ese instante se me ocurrió la explicación más loca e irreal pero, como decía Sherlock Holmes, si descartamos todas las hipótesis contrastándolas, la que queda por más inverosímil que fuera tiene que ser la verdadera.

La Ludmila del chat era la Ludmila que estaba en esa cama en estado de coma, tenía que encontrar algunas piezas que me faltaban. De inmediato me fui a la casa de Ludmila, hablé con la madre y le pregunté si la computadora que había visto, estaba conectada con alguna otra computadora, la madre me explicó que sí, esa computadora que regulaba todo el sistema que mantenía con vida a Ludmila, estaba conectada por medio de un satélite a la computadora de la Clínica donde la habían atendido a Ludmila y desde allí monitoreaban todas las funciones de Ludmila, sin tener que venir a visitarla, salvo cuando entraba en crisis.

Dios, pensé, ¿cuántos misterios hay todavía en la mente humana? Sí, esa Ludmila era la Ludmila del Chat, era ella. ¿Cómo es posible? ¿En que parte de ese cerebro que creemos descompuesto se ha refugiado Ludmila y de allí con su sistema bioeléctrico se conectó a la computadora buscando la única salida que le permitía vivir, aunque sea virtualmente? ¿Cómo pudo su mente encontrar ese refugio, inventarse todo un mundo real para poder sobrevivir? Y, la pregunta más importante  ¿ella podría volver?, ¿Se le podría decir, sin que se enloquezca, sin que pierda la razón por completo, sin que muera? Lovecraft, afilaba el lápiz.

No le dije nada a la madre, me hubiera creído completamente loco, pero esa noche, entré al chat e insistiendo logré que Horacio me leyera, le expliqué mi teoría, le insistí con mi teoría, le supliqué mi teoría, hasta que cansado me dijo que si era cierto, de que servía, si esa Ludmila era la misma que estaba en ese momento en el Chat, de que le servía si estaba en coma, que dejará las cosas tal cual eran, que por lo menos así, la tenía todas las noches, y que no lo molestara que Ludmila le estaba hablando. Le contesté que había una posibilidad de que volviera, de que la tuviera viva, y que era lo mejor para ella, que ese fantasma tenía que cesar. Tuvimos una larga discusión, por un lado porque seguía hablando con Ludmila, por otro porque yo insistía. Hasta que recordé algo que me dijo la madre, si seguía un tiempo así, iban a autorizar a los médicos para que antes que se deterioren los órganos, donarlos,  para que otros vivan la vida que ella no puede vivir, se lo dije, crudamente y cruelmente, me escuchó, se disculpó con Ludmila pero tenía que irse y nos fuimos a otro lugar para chatear tranquilos, salí previo insultos de Ludmila que sospechaba que era por mi culpa.

Una vez en el otro sitio, le expliqué mi plan de ir a la casa de Ludmila, con una Notebook y explicarle, en forma que no sea tan cruda, lo que pasaba y que tenía que buscar el camino para salir de allí, de buscar el regreso, pero que tenía que estar él, tenía que venir a la Argentina y hacer el encuentro, ya que si Ludmila había vivido solamente la realidad de ese mundo virtual, tenía que ser a él a quien viera en el momento que despertará y entrará al mundo real, a lo que me preguntó ¿Y si no despierta y se niega a salir? ¿Y si despierta y no me reconoce? ¿Y si muere? Le contesté lo único que podía decirle, esos son los riesgos que tenemos que correr. Aceptó, me pidió un tiempo para hacer los tramites, pedir la licencia y en el próximo vuelo, vendría, mi labor sería explicarle la teoría a la familia de Ludmila y autorizarnos a que lo hagamos.

Fue más fácil explicarle a la familia mi teoría de lo que había pensado, ya que llegué en el momento en que estaba un médico de la clínica con un Ingeniero en Sistema, que era el encargado de mantener funcionando las redes de computadoras con el sistema de la clínica y para mi mayor fortuna habían detectado una actividad inusual, más allá de los registros que la computadora hace normalmente, se había detectado que de esa computadora se entraba a una página de chat y estaban, en cierta forma averiguando si alguien más estaba usando esa maquina que no sea para otra actividad que el monitoreo. Los familiares respondieron con indignación, le decían que como podían pensar que iban a poner en riesgo la vida de su hija, usando el sistema que la mantiene viva para jugar, a lo que el Ingeniero respondió que no eran ellos los que pensaban, sino que el mismo sistema registra la actividad, y dentro de la actividad registrada, se detectó que desde esa maquina se entraba a páginas de chat. La discusión seguía creciendo no sólo en tono sino en volumen, entonces decidí intervenir, ya que había permanecido como espectador, y dije, disculpen pero ambos tienen razón, me miraron con cara de asombro y con cara de decir ¿y éste quién es?, ambos tienen razón repetí, la maquina a sido usada para entrar al chat, pero no fue nadie de la familia.

Hubo un pequeño silencio, a lo que el Ingeniero dijo, entonces Ud. es el que entra. No, además es imposible, porque si se entra por la maquina, es la tercera vez que estoy en esta casa, lo que la señora confirmó. Entonces quién entra, preguntó el médico, Ella,  dije señalándola a Ludmila.

Convencer a la familia fue fácil, al médico, un parto, pero lo logré, con el argumento final de que no se pierde nada con intentarlo, además hice que entráramos al chat con la Notebook del Ingeniero y allí estaba Ludmila hablando con otras personas, le dije al médico que le hiciera preguntas, como que conocía una persona que conocía una chica Ludmila que era Trabajadora Social, etc.,  y confirmamos los datos. A todo esto, el Ingeniero hizo que en la central chequearan el uso de la computadora de Ludmila y confirmo que estaba conectada pero no solo a la computadora del sistema médico, sino que se desviaba, como había mostrado con anterioridad, hacia una computadora de la clínica con Internet y que ésta, estaba en una página de chat, la página donde estábamos nosotros.

Lo hice salir al médico del chat, por las dudas, y le explique mi plan a él y a la familia, les conté de Horacio (acá haré una pausa, algo que nunca le dije a Horacio, la madre me contó de un Juan Carlos, que estaban saliendo, pero que después de lo ocurrido la fue a ver un par de veces y nunca más)y que con él nos pusimos de acuerdo para que en cierta forma hacer lo que hicimos recién, conectarnos con ella y, conducirla poco a poco, para que salga del escondite de su mente, después de muchos cabildeos el médico acepto con la condición de que los dos estuvieran en el momento, mejor pensé, así habría más control.

            Horacio me mando un mail que confirmaba su llegada dos días después de la reunión con la familia y el médico, les llame por teléfono a la familia y está quedó en confirmar la fecha de reunión al médico de la clínica.

            El día de la reunión se concretó llegamos con Horacio a la casa de Ludmila, parece que le impresionó a la madre, claro, Horacio mide un metro noventa, tiene ojos verdes, barba oscura, un intelectual en el cuerpo de Stallone. Entramos con Horacio y estaba el médico con un enfermero y el Ingeniero, en total eran entre ocho o nueve personas, demasiado, pensaba,  si Ludmila reacciona se puede asustar.

            Horacio conectó la maquina pero Ludmila no estaba, la buscamos hasta que el médico se dio cuenta que se estaba haciendo la revisión de rutina del estado de Ludmila, por lo tanto no podía conectarse, ya que todo el sistema estaba ocupado en realizarlo. Teníamos que esperar a que terminará. ¿Qué estaría pensando en esos momentos Ludmila? ¿Dormiría,  sería una especie de descanso para su mente?. Horacio permaneció lo mismo conectado.

            En un momento dado Ludmila entró en la sala, y se pusieron a charlar con Horacio en privado, le preguntó porque había entrado a esa hora, y Horacio le dijo que era porque la extrañaba mucho, el diálogo divagó por unos quince minutos. A todo esto el médico monitoreaba sus funciones con el enfermero de forma manual. En ese momento Horacio derivó el diálogo hacia un posible encuentro y que si en realidad ello lo quería conocer, le respondió con inusitado entusiasmo, a lo que Horacio le dijo que él también, pero que le daba nervios el pensarlo. Bueno, le dijo ella, pero no hay que preocuparse, total tenía todo el viaje desde África para ir haciéndose la idea. En ese instante Horacio se jugó el todo por el todo, le dijo que ya no estaba en África, que estaba en Buenos Aires. Hubo un silencio del lado de Ludmila. El médico anunció que se la había subido la presión arterial. Ludmila le preguntó por que no le había dicho nada, porque le ocultó eso. Es una sorpresa dijo Horacio, describime  tu casa, le largo a boca de jarro, decime como es el lugar de donde chateas, Ludmila le describió la habitación donde estábamos. ¿Estás sola? Sí, le dijo, ¿cuánto hace que estás sola? Le pregunto, no te parece raro que siempre estés sola, que no esté tu mamá, ni nadie de tu familia, no hubo respuesta. La presión arterial sigue subiendo, esta en límite, dame algo para compensar, le dijo al enfermero. Lovecraft deliraba con un final apoteótico.

            Si es raro, dijo al final Ludmila. Claro que es raro, le escribió Horacio es raro, porque vos no estás ahí, todo lo que ves es un entorno virtual que creaste para protegerte de tu enfermedad, que ¿estoy enferma? dijo Ludmila, y vos ¿cómo sabés? Horacio demoró un poco pero al final escribió, porque estoy en tu habitación, con una Notebook, mirándote. Un gran silencio del lado de Ludmila. La tensión se normaliza, digo el médico, siga, siga que va bien. Estoy esperando que vuelvas a este mundo, el real. Los dos lo sabemos, como sabemos que te amo,  que te estoy esperando. Está compitiendo, gritó el médico de alegría, hay que sacarle el respirador, siga,  siga escribiendo le digo a Horacio.

            Y Horacio siguió divagando que la  esperaba, que la necesitaba, divago por quince minutos sin  respuesta,  hasta que un fuerte suspiro se sintió en la pieza...

- NITO, NITO, que té pasa loco,  deja de volar, y termina de arreglarte que por lo menos a mi casamiento quiero llegar puntual. Me grito Ludmila para sacarme de mis pensamientos.

- Esta bien no grités, que no me puedo hacer el nudo de la corbata. Le dije

- Todavía estás con eso, dame inútil, que te lo hago yo.

            Agarró la corbata y me hizo el nudo.

- ¿Qué té pasa? Me preguntó suavemente mientras acomodaba la corbata en mi cuello, tenés los ojos con lagrimas.

- Estaba acordándome de todo y sabes que

- ¿Qué?

- Estoy contento, le cagamos el final del cuento a Lovecraft.

- ¿El qué?. . . Que loco que sos . . .  debe ser por eso que te quiero, me dio un beso en la mejilla y agregó,  vamos que Horacio nos espera.

- Sí, vamos                                                  Fin

 

 

Dedicado a Ludmila, la que conozco, mi amiga del Chat con la cual charlamos y nos entretenemos y a la Ludmila, la que no conozco, la que tuvo una enfermedad hepática entró en coma y salió de él. A las dos, de la unión de sus historias, es que se inspiró este cuento.